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Cómo afrontar la culpabilidad: ¿Y si esa culpa no es tuya?

La culpa es una emoción muy común. Seguro que la has sentido alguna vez: después de equivocarte, de hacer daño a alguien, de poner un límite o, a veces, simplemente por parar y descansar cuando todavía quedan cosas por hacer.

Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿Toda la culpa que sentimos significa realmente que hemos hecho algo malo? No necesariamente.

Existen dos tipos de culpa y en este artículo vamos a explorar la diferencia entre la culpa sana y la culpa aprendida, y sus implicaciones.

Cuando la culpa cumple una función

La culpa puede ser una emoción útil que te ayuda a reparar.

Imagina que pierdes los nervios y hablas mal a una persona que quieres. Más tarde reconoces que tu comportamiento no ha estado de acuerdo con tus valores y aparece la culpa. En este caso, ese malestar puede ayudarte a preguntarte qué ha ocurrido, asumir tu responsabilidad, pedir perdón si procede, reparar el daño y pensar qué puedes hacer diferente la próxima vez.

La culpa sana no busca castigarte. Busca que te responsabilices, repares y aprendas. Castigarte no repara mejor.

¿Y cuando no has hecho nada malo?

Quizás experimentas culpa cuando descansas, cuando pones un límite o cuando te priorizas.

En esos casos te conviene detenerte y reflexionar: ¿He hecho realmente algo contrario a mis valores o simplemente estoy haciendo algo que aprendí que “no debía” hacer?

Durante la infancia aprendiste de lo que tus padres te decían, y también aprendiste observando sus comportamientos, sus reacciones y aquello por lo que recibiste aprobación o desaprobación. Quizás te reñían si descansabas antes de terminar tus obligaciones y recibías reconocimiento cuando eras responsable, complaciente o hacías todo lo que se esperaba de ti. Y de esas experiencias pueden surgir creencias como: “Tengo que hacer más para que me valoren”, “No debería descansar mientras queden cosas pendientes” , “Priorizarme es egoísta”. Son creencias aprendidas, pero que tú no elegiste.

La culpa aprendida te devuelve a las normas interiorizadas

Imagina que has interiorizado durante años que debes estar disponible para todo el mundo.

Un día estás agotada y decides poner un límite. Racionalmente sabes que tienes derecho a hacerlo, pero inmediatamente aparece la culpa. Y empiezas a pensar: “Quizás estoy siendo egoísta”. La culpa genera tanto malestar que terminas diciendo que sí. ¿Qué ha ocurrido? Has vuelto a comportarte de acuerdo con la antigua regla.

Por eso podemos entender la culpa aprendida como una emoción que te empuja a continuar obedeciendo antiguas reglas y expectativas que te marcaron otros, incluso cuando ya no están en coherencia contigo.

No significa que debas ignorar cualquier sentimiento de culpa. Significa que puedes aprender a escucharlo y cuestionarlo antes de obedecerlo.

Suelta la culpa que no es tuya

Quizás una de las preguntas más útiles cuando aparece esta emoción de la culpabilidad, sea:  ¿Esta culpa me está invitando a reparar algo o simplemente me está castigando por romper una vieja regla?

Si has hecho daño, responsabilízate, repara cuando sea posible, aprende.

Pero si la culpa aparece sin cometer algún error, date permiso para cuestionar aquello que aprendiste. Puedes decidir conscientemente qué valores y creencias quieres conservar y cuáles ya no quieres seguir llevando contigo.

No necesitas obedecer la culpa automáticamente. Puedes escucharla, comprender de dónde viene y decidir si el mensaje que contienen sigue siendo válido para ti.

¿Se puede trabajar la culpa aprendida en terapia?

Claro. El primer paso, es tomar consciencia de por qué aparece esta culpa. Pero puedes ser perfectamente consciente de tus creencias y, aun así, la emoción continúa apareciendo. Puedes saber que tienes derecho a descansar y seguir sintiéndote culpable cada vez que paras.

En mis sesiones trabajo este tipo de patrones desde dos enfoques complementarios:

Con LNT ®, energéticamente se puede liberar la emoción de culpabilidad. Y por otro lado, como facilitadora de PSYCH-K®, te acompaño a transformar las creencias subconscientes que pueden estar sosteniendo el patrón y a sustituirlas por otras más coherentes con lo que quieres vivir hoy.

Si sientes que la culpa condiciona tus decisiones, te impide priorizarte o seguir tus propios mandatos, en terapia puedo acompañarte para sanar:

 

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